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Buena parte de la enseñanza y del entrenamiento se basa en la noción equivocada de que con la práctica se llega a la perfección. Este principio no es necesariamente verdadero. La práctica consolida una manera de trabajar buena o mala. Con la práctica incorrecta se adquirirán unos malos hábitos que pueden ser irreversibles, por ello, hay que comprender este principio elemental. Aquellos que creen en el entrenamiento entienden cuáles son los beneficios que acumularán con la práctica correcta, con la formación de buenas costumbres y de un sólido conocimiento.

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Hay otras dos nociones equivocadas referentes al entrenamiento del fútbol que se deberían disipar desde el principio. La primera de ellas es que los jugadores de fútbol nacen con un don natural y que no necesitan entrenamiento. Los datos no respaldan esta noción. El principal hecho es que el progreso de la civilización se debe en gran parte al progreso de la educación según el cual cada generación ha transmitido a su generación sucesiva más conocimientos y mejores técnicas de enseñanza y de aprendizaje. Así pues el hombre puede correr más rápido y saltar más alto, ha ascendido la cima más alta de la tierra y ha puesto el pie en la luna.

Estos logros se han conseguido gracias a la aplicación práctica del conocimiento avanzado del que ahora disponemos y que utilizamos para mejorar las prácticas y los entrenamientos. Sería iluso pensar que los jugadores de fútbol no están sujetos a las leyes de la evolución.

Esta tesis es coherente con el hecho de que, en realidad, no todos los jóvenes nacen iguales. Son distintos física, mental y psicológicamente. Pero la tesis no es incongruente con el hecho de que aquellos que nacen y son criados en un entorno futbolístico tendrán mayores oportunidades de desarrollar su talento que aquellos que no lo estén. Es por tanto evidente que no nacemos con igual talento y que no tenemos las mismas oportunidades respecto a nuestro entorno.

El gran reto de la enseñanza es, por tanto, reconocer el talento potencial y desarrollar ese talento hasta lo máximo posible.

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La otra noción equivocada a la cual deberíamos referirnos es que las técnicas que se practican de manera aislada no se pueden trasladar al partido. No hay nada de mérito técnico que no se pueda trasladar al partido aunque un jugador rinda con poca técnica en una situación en la cual no tenga oponente. Sin embargo se debería entender que un jugador que es técnicamente hábil sin oponentes puede que no lo sea tanto cuando tenga oposición y aparezcan otros jugadores en la práctica.

A menudo, el concepto erróneo del cambio de estado afectivo en el entrenamiento está caracterizado por el deseo de enseñar por el método de prueba y error. Se supone, arriesgadamente, que uno puede aprender igual de bien si rinde de una manera satisfactoria o no. La evolución de la enseñanza debería hacerse de manera que cualquier situación de aprendizaje nueva tenga como objetivo conseguir el éxito. Todo ello, por supuesto, teniendo en cuenta que es conveniente desafiar a los jugadores y exigirles el máximo esfuerzo.

Uno de los máximos objetivos de un jugador es conseguir el éxito y para ello también se trabaja en los entrenamientos.

El entrenamiento y aprendizaje efectivo de la Fundación Marcet está estrechamente ligado a poder establecer las actitudes, los hábitos y los movimientos correctos. Primero, y por orden de importancia, está la actitud del entrenador y del jugador respecto al aprendizaje. Esta actitud se debe caracterizar por estas dos cualidades:

Una mente abierta

Una mente abierta es fundamental para poder recibir ideas nuevas. Es esencial para la vitalidad mental y también lo es para poder progresar. Una mente cerrada indica que un hombre cree que ya lo sabe todo. También indica que no sólo se siente viejo sino que ha envejecido.

Una mente inquieta

Para valorar ideas nuevas es imprescindible tener una mente inquieta. No todas las ideas son buenas y es un error aceptar una idea nueva sólo porque es nueva. Es tan insensato como descartarla sin haberla evaluado. Uno debe cuestionar las ideas nuevas, analizarlas y establecer si son correctas sin prejuicios. Una idea debería aceptarse o rechazarse sólo después de haberla considerado cuidadosamente.


Entonces ¿qué es la técnica?, ¿qué es la habilidad?


La técnica es la ejecución de una única actuación, un pase, un control, un salto o un giro. Implica tomar decisiones, lo cual significa que la actuación comprende elementos tanto físicos como mentales.

La técnica, en términos futbolísticos, es la habilidad de seleccionar la técnica más adecuada en cada momento según convenga.

Por tanto, la técnica se ocupa de tener un buen criterio y realizar buenas selecciones. Hay algunos deportes que son predominantemente deportes de técnica. El fútbol es, predominantemente, un deporte de criterio. ¿Cómo llegamos a esta conclusión? Con un simple análisis de los hechos:

  • En un partido de 90 minutos el balón sólo está en juego unos 60 minutos.
  • En un partido equilibrado, de los 60 minutos en los que el balón está en juego, cada equipo lo poseerá durante 30 minutos.
  • Mientras el balón está en juego, a menudo está en el aire o fuera del alcance de juego de cualquiera de los 22 jugadores. De media, un jugador de un equipo no tiene la posesión del balón durante más de dos minutos.

Pregunta: ¿Qué hace el jugador durante los 58 minutos restantes en los que el balón está en juego?

Respuesta: Toma decisiones, realiza selecciones con criterio.

A esto debemos añadir la posibilidad de que el fútbol es el deporte más flexible. Tanto los jugadores como el balón se pueden mover en un ángulo de 360 grados y existen un número mínimo de reglas y relativamente pocas detenciones. Por tanto, las situaciones pueden cambiar rápidamente y requieren un alto nivel de alerta y de concentración de los jugadores.

Todo esto nos lleva de vuelta a la pregunta fundamental, que no es cómo se debe entrenar, sino cómo aprende un joven jugador.

Cómo aprende un joven jugador con la Fundación Marcet

Debe estar interesado

El jugador que no tiene interés tiene una mente cerrada y si no logra cambiarlo, es una receta para el desastre.

Aprenderá con la práctica adecuada y con su repetición

Es más importante la calidad de la práctica que su frecuencia. Sin embargo, una vez se tiene calidad, los resultados serán mejores cuanto mayor sea el tiempo que dediquemos a la práctica.

Aprenderá con fe

Al final, un hombre no conseguirá más de lo que cree que es posible. La pregunta es: ¿qué es posible? Muchos de nosotros subestimamos lo que podemos conseguir. A la vez, a muchos de nosotros nos inspira la esperanza, aunque muchas esperanzas no tengan una base real. Los entrenadores deben inspirar y animar a los jugadores a esforzarse para que puedan mejorar sus expectativas y puedan conseguir sus objetivos.

Aprenderá al ser desafiado.

El progreso supone un proceso continuo para llegar a alcanzar aquello que está fuera de nuestro alcance. El progreso no se alcanza trabajando constantemente dentro de nuestros límites, uno no logrará subir más arriba si mira abajo. Los jugadores conseguirán progresar si se les asigna tareas más difíciles cada vez y jugando con y contra jugadores mejores, con la condición de que la tarea no sea demasiado difícil y los jugadores contrarios no sean demasiado buenos. Los entrenadores deben establecer estos desafíos cuidadosamente para los jugadores jóvenes teniendo en cuenta la probabilidad de éxito.

Aprenderá si conoce los resultados

ECuanto mayor sea el progreso de un jugador, mayor será la motivación que tenga para practicar. Es como tomar un medicamento, no siempre nos gusta, pero es evidente que tomarlo nos va a mejorar y continuamos tomándolo. La práctica adecuada implica poner unas metas para estos jugadores de manera que se pueda medir su progreso. Esta es una tarea que pertenece totalmente al profesor.

Debe tener buenos ejemplos y un propósito firme de asumir los valores correctos.

Es importante poder ver a buenos jugadores jugando un partido, o en un video. Los valores se  establecen cuando observamos cómo actúan los buenos jugadores.  Debemos añadir que estos valores  no sólo son valores de actuación en el juego sino también de comportamiento. Las actitudes y los hábitos se forman cuando observan lo que hacen otros, en particular aquellos a los que admiran. Por ello no se puede sobrestimar la responsabilidad que tienen los jugadores destacados, así como los entrenadores, en establecer valores para los jugadores jóvenes. Al aprovechar estos métodos de aprendizaje, los entrenadores pueden provocar un cambio para mejor, en la actitud y en las costumbres.

Debe estar entusiasmado, desear involucrarse y participar.

Uno debe sospechar de un jugador joven que carece de entusiasmo.

Merece la pena recordar que la gente entusiasta quiere hacer más, no menos.

Los elementos de una buena actuación

Una vez establecido cómo aprende un jugador, ¿qué es lo que necesita aprender en el fútbol?, ¿qué factores comprende una buena actuación? Existen tres factores primordiales: La técnica, la comprensión y el estado físico.

En el fútbol, las técnicas son los instrumentos del oficio. Un jugador será mejor cuanto mejor sea su técnica y más amplia su variedad. Sin embargo, un jugador que juegue sólo con una pierna, por muy bueno que sea técnicamente, podría llegar a ser aún mejor si supiera jugar bien con las dos. La buena técnica no tiene sustituto.

La comprensión significa entender lo que cada uno puede hacer y lo que para ello es necesario. Intentar hacer algo que uno sabe que no puede es ingenuo, por no decir algo peor. Entender lo que se necesita requiere conocimiento, visión y percepción. Así un jugador técnicamente excelente puede no ser hábil por no comprender o percibir cuándo y dónde utilizar estas técnicas.

Ya hemos establecido que, en un partido, durante la mayoría del tiempo el jugador no va a poder utilizar su técnica con el balón. No obstante, un buen jugador debe entender cómo situarse en la mejor posición tanto para su equipo como para sus compañeros. Los principios del juego deben guiar su pensamiento para poder actuar satisfactoriamente. La comprensión real no sería posible sin entender a fondo estos principios.

Un jugador debe entender también la importancia relativa de las diversas zonas del campo, el estado del partido y las condiciones físicas cuando sopesa entre las zonas de seguridad y de riesgo.

Debemos luchar para que los jugadores, tanto a nivel individual como de equipo, sean eficientes. Parte de esta eficiencia se plasma en la apreciación del jugador de cuándo, dónde y cómo tomar riesgos y cuándo, dónde y cómo hacerlo de una manera segura. Sin embargo, en el fútbol, la comprensión y la técnica se componen de diversos factores.

El estado físico requiere una combinación de estado físico y mental. Por lo que sabemos actualmente es imposible determinar dónde acaba el estado físico y dónde empieza el mental. También es imposible expresar con seguridad la influencia que el estado físico de un futbolista tiene sobre su estado mental y viceversa. No es sólo que se interrelacionen, es que se confunden.

La fatiga provoca que la técnica se deteriore, que se pierda la concentración y que falle el criterio. Así, la técnica no es una ventaja real a menos que le acompañe el estado físico. Sin querer llegar a conclusiones definitivas, un análisis del minuto en que se marcaron los goles en los partidos muestra algunas estadísticas interesantes.

Se analizaron 30 partidos en los cuales se marcaron 76 goles.

23 goles (30 %) se marcaron en los últimos quince minutos del partido.

17 goles (22 %) se marcaron en los últimos cinco minutos del partido.

Estas estadísticas indican que el estado físico es un factor importante, quizás el más importante, en los minutos finales de un partido.

A partir de estos tres principios primordiales: técnica, comprensión y estado físico, surgen cinco elementos para una buena actuación:

Debe poseerse como un hábito y una actitud mental. El juego se vería reducido a una mera lotería y el partido no se jugaría como una batalla de inteligencia sin concentración y sin pensar lo que uno está haciendo.

Cuanto más amplia es la variedad de técnicas mayor posibilidad tenemos de cumplir con las exigencias técnicas.

Hay una gran diferencia entre ver y percibir. Hay algunos jugadores que, son básicamente, jugadores “ciegos de un ojo”. Solamente ven las jugadas en un lado del campo. Normalmente es el lado del campo en el que están en ese momento. A menudo, una posición incorrecta del cuerpo o un ángulo de soporte escaso impiden al jugador tener un campo de visión más amplio. Los jugadores necesitan aprender a jugar con la cabeza erguida, estudiando constantemente las posiciones cambiantes tanto de los jugadores como del balón. También necesitan de la percepción para poder interpretar qué significa toda la información. Ver sin percibir significa muy poco.

Para tomar una decisión son fundamentales el conocimiento y la percepción. Es necesario saber discernir lo que es imprescindible de lo que no lo es y saber ordenar las prioridades. Para poder conseguir este criterio se requiere un estado de ánimo positivo, decisivo y atento. Se debe animar a los jugadores a entender que el fútbol es un juego de decisiones. Es mejor tomar una decisión equivocada que no tomar ninguna.

Es la aplicación y la implementación de la decisión con un propósito determinado. El fútbol es un juego de errores y los errores más graves consisten en no tomar decisiones o en cambiarlas a mitad de camino.

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